Por Doctora Molina

Aviso

Este texto te va a presentar a una mujer con tribulaciones y privilegios. Luego te va a hacer enojar con la mitad de la humanidad. Después vas a reflexionar sobre las aliadas que tienes y finalmente vas a querer salir a hacer una revolución con todas tus amigas, tus primas, tus compañeras de trabajo y todas las mujeres a tu alrededor. Si no te pasa, vuelve a leerlo.

«Cásate el día que puedas mantener a tu esposo»

Así me enseñó mi madre. Es una cita literal. Yo era muy chica pero jamás lo olvidé. Ella no quería una vida cómoda para mí a cambio de que yo tuviera por soportar a un tipo. Mi mamá pagó la primera carrera universitaria de una mujer en mi familia materna. En todo mi linaje solo tengo UNA referencia de mujeres que hayan trabajado con salario. 

Cuando crucé la línea de los 40 años, empecé a buscar la imagen de una mujer que me inspirara laboralmente. Necesitaba una mentoría que pudiera resolverme dudas que no serían comprendidas por hombres. O peor: serían descalificadas. Como en mi oficina no había nadie mayor que yo con más experiencia profesional, ni con mayor jerarquía, busqué en otro lado las voces de mujeres de distintos ámbitos que pudieran conformar una mesa consultiva. El primer intento fue lo más acertado, con chavas que, igual que yo, también buscaban otras mujeres fuertes: llegué a un Encuentro de mujeres indígenas del Valle de México por la defensa del territorio y la autonomía. Eso fue como salir a comprar pan y regresar con medio kilo de clavos y tornillos. Lo que no sabía era que esos tornillos serían fundamentales en la construcción de mi casa.

Después vino la gozada más grande: me encontré con las Geek Girls. Al principio creí que iba a ser un grupito de chavas que hablaban en el idioma de unos y ceros. No sabía que ellas serían la inspiración que mi alma necesitaba: mujeres distintas y diversas trabajando desde el placer en lo que cada una hace excepcionalmente bien. Ese encuentro me aproximó a otro: mujeres empresarias en el Ladies Brunch. Mi hallazgo más reciente es la comunidad digital de Mujeres En Finanzas a la cual me uní de inmediato. Diría que mi hábitat natural es el de las mujeres sanadoras y brujas (de ahí que me digan Doctora Molina) pero eso sería muy poco chic ;P

He escrito todo esto en primera persona para dar una síntesis sobre la diversidad de mujeres a las que me he acercado para definir mi propia identidad femenina porque nomás «no me hallaba».

¿Cómo era eso de mantener a mi esposo…?

Muchas mujeres de mi generación (tip: las que crecimos cantando a Flans y Madonna) hemos vivido cosas que hoy son inaceptables para las chicas que van a empezar su vida independiente pronto.

Ahora sabemos que es inadmisible que un hombre trate de explicarnos un tema en el que somos expertas. En la oficina ya no pasa inadvertido que nos digan una frase rematada con un «linda» o «corazón». También sabemos que las tareas de un hogar son responsabilidades compartidas y no de la «mamá a cargo de la casa».

Esto último se ha hecho más evidente con las condiciones de cuarentena de estos meses. El que las mujeres hayamos llevado históricamente el hogar y cuidados de la familia (esposo, hijos, abuelos, personas que se enferman, familiares con discapacidad) ha permitido que la economía se enfoque en remunerar a quienes pueden dedicar más tiempo a producir para una empresa. Si los hombres han tenido la parte doméstica solventada, les queda tiempo para desarrollar sus carreras. Se tenía la idea de que las mujeres éramos menos productivas porque en algún momento querríamos dedicarnos a la misión que tenemos como hembras en este planeta: hacer familia y casita. La realidad puede probar que las mujeres dedicamos tanto o más tiempo a la profesión y no conseguimos los salarios de los hombres. Y además cuidamos familias.

Voy a decir algo polémico: todas las mujeres del mundo hemos mantenido siempre a nuestros maridos. Sin el trabajo del hogar resuelto, ellos no habrían tenido suficiente tiempo para desarrollar sus carreras, lograr ascensos, premios y reconocimientos. Además, hay muchas mujeres que han trabajado para complementar los salarios de sus esposos. ¿No es eso hacernos cargo en gran parte?

Creo que los hombres en México deberían empezar a disfrutar de algunas atribuciones que hasta hoy les han sido vedadas. La primera es el derecho de la incapacidad por paternidad. Creo que deberían tener 40 días anteriores al nacimiento para preparar el nido y atender a la familia. También 60 días de acompañamiento después de recibida la bendición. Sí, compañera, leíste bien: creo que los hombres deberían tener un lapso mayor que las mujeres para estar en casa y cuidar a los hijos. Lo merece la humanidad. Sería apenas justo que se considere que los hombres también tienen proclividad a la crianza. En una de esas podríamos tener acceso a mejores salarios las mujeres.

¿Y si no lo quiero mantener?

Ahora entiendo que las palabras de mi madre no fueron una orden sino una súplica a nombre de todas las mujeres que no tuvieron opciones. En mi familia, la mayoría sí las tuvo. Si permanecieron con malos hombres fue por masoquismo. O porque no se animaron a salir del clóset. 

Lo que nos toca a las hijas de estas mujeres no es hacer lo contrario a lo que ellas hicieron. Eso no equilibraría la balanza. Lo que nos toca es aún más difícil: identificar los patrones que han cavado la brecha que impide tener condiciones de equidad. Me refiero específicamente a que no debemos adoptar actitudes hombrunas para que nos concedan el acceso a los beneficios del Club de Tobi. Sí es posible tener un liderazgo compuesto en parte por habilidades blandas, competencias blandas, soft skills«don de gentes» para acabar pronto.

Además es necesario hacer redes entre nosotras en las que distribuyamos saberes, colaboremos en oficios y repartamos cariños. Es inaplazable el cometido de compartir nuestras palabras y lo que pueda impulsar a otras mujeres a volar más alto. Eso, como grupo, como el 52% de la humanidad, nos va a beneficiar intrínsecamente.

Aaaah, y algo muy importante: esto no va a afectar a ningún hombre: el que las mujeres tengan una mejor posición los va a liberar de responsabilidades y cargas que les fueron impuestas sin consultarles.

Ajá, ¿cuál sería la propuesta concreta?

Alfabetización digital para mujeres. Esta propuesta se la oí a María Ángeles Durán. Yo añadiría «con carácter de impostergable».

Las condiciones en que hemos vivido en los últimos meses nos han forzado a resolver e inventar con una compu, un celular inteligente y una conexión a internet. Quienes no tenían el kit se las vieron negras para conseguirlo. Quienes siguen sin tenerlo, son quienes realmente se rezagaron más.

Los niños están tomando clases en línea, campamentos en línea, pijamadas en línea. Los adultos están trabajando en línea, comprando en línea, visitando amigos y familiares en línea, siendo infieles en línea. Los abuelos han tenido que entrarle también a la tecnología. Muchos doctores están dando consulta en línea (¡telemedicina!). Algunas (pocas) personas con discapacidad o lesiones están tomando alguna terapia en línea. Además nuestro entretenimiento ocioso está prácticamente en línea también. Nuestra vida se mudó a internet.

Las mujeres seguimos estando a cargo de que todo lo anterior se lleve a cabo (en línea). Quienes no tengan estos recursos, se están rezagando irremediablemente. Urge homogeneizar el acceso para mujeres a la vida digital. A LAS MUJERES PRIMERO. Se podría pensar que es primordial dar a los niños tabletas para la educación (como lo hizo la administración pasada a manera de política educativa). No. Será más útil que sus madres las tengan porque si no, eso causa rezago que se entiende como inferioridad y eso conduce a la pobreza y desigualdad. El que haya mujeres  sin acceso a la conectividad que se ha generado por las circunstancias específicas del 2020, ha provocado que queden ajenas a la realidad simultánea que está ocurriendo en línea. Están quedándose atrás en lo que entendemos como progreso tecnológico. En cambio, aquellas mujeres que sean portadoras de tecnología ancestral, podrían compartirla si están conectadas como Pascuala Vázquez Aguilar, vocera del Consejo de Gobierno Comunitario del municipio de Chilón, Chiapas.



Pascuala tiene la posibilidad de entrar en contacto con mujeres de la ciudad y enseñarlas a hacer huertos urbanos. Con esto se puede aspirar a una autonomía alimentaria que, a su vez, propicia salud e independencia.

Ahora lo sabemos. No podemos dar marcha atrás en lo que aprendimos con este encierro. Como dijo María Ángeles Durán: «nuestro mayor enemigo en este momento es la resignación». Defendamos esto con energía, con rebeldía, con dignidad.

¿Y la neomexicanidad?

Pues eso. Me considero neomexicana. Reconozco y honro todas las luchas que hicieron mis abuelas y la fantástica rebeldía de mi madre. Las celebro y doy un paso más lejos para ser autónoma no solo económicamente, sino emocional, creativa e intelectualmente. No compro el cuento de que necesitamos una pareja para estar completas. He trabajado jornadas en el campo, metiendo en la tierra mis manos con un manicure que el lunes se ve divino en la sala de juntas del senior staff. Soy los dos extremos. No es cierto que son autoexcluyentes.

Si no tienes ganas de salir a hacer una revolución con todas tus amigas, tus primas, tus compañeras de trabajo y todas las mujeres a tu alrededor, vuelve a leer este texto.

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1 Comment
  1. Author
    Veromadrig 1 week ago

    Amo el término Neomexicana y también me uno a ese camino libre de lo que “deberíamos” ser. Sola o acompañada, el objetivo es siempre estar “completas”. Gracias por este texto. <3

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